Entrevista con el padre Thomas D. Williams
ROMA, viernes, 15 septiembre 2006 (ZENIT.org).- En este viernes el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, junto con la Asociación Internacional para la Doctrina Social Católica, han comenzado una conferencia académica de dos días con el título «La Defensa de la Vida: Una Misión para la Doctrina Social Católica».
Zenit ha entrevistado al padre Thomas D. Williams, decano de la Facultad de Teología de la Universidad Regina Apostolorum de Roma, quien ha presentado en el simposio una ponencia sobre la relación entre el aborto y la doctrina social católica.
Una de las preguntas más frecuentes que me hacen, cuando la gente sabe que enseño doctrina social católica en Roma, es si incluyo o no la cuestión del aborto y específicamente la encíclica «Evangelium Vitae» en mi curso. La gente quiere saber lo que la doctrina social católica tiene que decir sobre los temas de la vida, y especialmente sobre el aborto.
Mientras que la «Rerum Novarum» trató hábilmente el problema social, analizando la solución socialista y reafirmando la creencia católica en un derecho natural a la propiedad privada, no se ocupó de dar cabida a otras cuestiones esenciales de justicia social. León XIII no tenía intención de redactar un tratado completo de ética social cristiana. La «Rerum Novarum» fue una meditada respuesta a una preocupación pastoral apremiante, pero esperar encontrar en ella el modelo de la enseñanza de la Iglesia sobre todo tema social es pedir más de lo que el documento quería ofrecer.
--¿Se han hecho esfuerzos para llenar esta laguna?
--Padre Williams: Antes que nada debo mencionar que el magisterio papal ha sido todo menos silencioso o negligente sobre el problema del aborto. En numerosas ocasiones, el Papa Juan Pablo II habló enérgicamente sobre la cuestión y su encíclica de 1995 «Evangelium Vitae» afronta la materia del aborto en gran extensión.
--Padre Williams: Exactamente. El principio rector de todo el campo del pensamiento social católico es la virtud de la justicia social, con sus principios articuladores de solidaridad, subsidiariedad y bien común. El bien común requiere una organización social que prevea y defienda los derechos humanos, el primero y más básico de los cuales es el derecho a la vida.
Tomemos la opción preferencial de la Iglesia por los pobres, que indica a los cristianos prestar especial atención a quienes están más necesitados. Así como una madre o un padre dedica una desproporcionada cantidad de tiempo y energía a un hijo cuando está enfermo, sin que por esta razón disminuya el amor por los demás hijos, los cristianos están llamados a centrar sus esfuerzos preferencialmente hacia los más necesitados e indefensos entre nosotros. Aplicando este principio a la sociedad contemporánea, la injusticia social que más grita a la conciencia cristiana es el deliberado y masivo ataque a los miembros más vulnerables de la sociedad, los no nacidos.
--Padre Williams: La defensa de la Iglesia de la justicia social abarca todos los temas clave de la vida y la atención a uno no resta importancia a los otros. El aborto, sin embargo, sobresale sobre ellos como un caso único que merece singular atención.
Para enumerar rápidamente las razones de esta singularidad, debemos mirar primero a la simple magnitud del problema: unos 45 millones de abortos legales cometidos, más que la suma de todas las víctimas en todas las guerras de la historia humana.
Segundo, implica la muerte de los más inocentes y vulnerables miembros de la sociedad.
Tercero, perpetra este mal sistemática y legalmente, de modo que da al aborto un barniz de legitimidad moral. Dado que la ley informa la conciencia de la gente, la legalidad del aborto perpetúa la mentalidad anti-vida y la separa de otros crímenes contra la vida como el terrorismo, asesinato en serie, tráfico de seres humanos, y así sucesivamente.
--Padre Williams: Dado que la doctrina social católica aporta tanto a este debate, es imposible hacer justicia a esta cuestión en pocas palabras. En su análisis de las dimensiones sociocultural, política, familiar y económica del actuar humano, la doctrina social de la Iglesia ofrece inestimables puntos de referencia para un debate público sobre el aborto.
Como mencioné antes, la enseñanza de la Iglesia sobre el contenido y requisitos del «bien común» arroja una luz importante sobre el respeto y reverencia hacia la vida humana como un pilar de la sociedad justa.
Como derecho «legal» el aborto suscita incontables temas sociales que requieren una respuesta razonada: cuestiones de objeción de conciencia, el dominio de la ley en una democracia, la función pedagógica de la ley, y el papel de la verdad moral en un sistema democrático, por nombrar algunas.
Y respecto a la política, el aborto también suscita numerosas cuestiones morales: la rectitud de determinados temas políticos frente a un enfoque «sin fisuras», la posibilidad de ser contrario personalmente mientras que públicamente se apoya la legislación del aborto, la recepción de los sacramentos por políticos públicamente favorables al aborto, la cooperación en el mal de votantes y políticos, el apoyo de leyes «imperfectas» sobre la vida, etc.
--Entonces, ¿a dónde vamos? ¿Cómo puede el aborto ocupar su legítimo lugar en el pensamiento social católico?
--Padre Williams: El primer paso es muy sencillo: tratar la gran encíclica de Juan Pablo sobre temas de la vida, «Evangelium Vitae», como una encíclica social e incluirla en cursos y simposios sobre doctrina social católica. Juan Pablo prácticamente nos invita a hacer esto comparando el aborto a la cuestión obrera de la «Rerum Novarum». Sólo esta medida sería un enorme paso en la dirección correcta.

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